Una habitación propia y los estudios académicos sobre las mujeres

Las célebres palabras de Virginia Woolf amadrinan el siguiente recuento, sentido y no menos triunfal por necesario, en el que Luz Elena Gutiérrez de Velasco narra los esfuerzos conjuntos de un grupo de pioneras que inauguraron en México, alrededor de 1983, los estudios académicos en torno a la mujer.

 

LUZ ELENA GUTIÉRREZ DE VELASCO ROMO*

 


 

Para Brígida García, con enorme reconocimiento

 

“Me senté a orillas de un río…”. Ciertamente no puedo empezar con esta frase porque, en la Ciudad de México, en su mayoría, los ríos fluyen entubados, y ése que corre al lado de mi antigua casa había sido contaminado a tal grado que era recomendable no sentarse por allí.

Ninguna silueta, ningún bedel, ninguna tradición hubiera podido interceptar nuestro paso… Era 1983 y pertenecíamos a una generación de mujeres dispuestas a defender a las mujeres, a estudiarlas, a comprenderlas… El momento era propicio y las decisiones administrativas, más. Víctor Urquidi y el Club de Roma estaban convencidos de apoyar las determinantes iniciativas para poner en marcha en la academia el estudio sobre las mujeres.

Se había celebrado en México el Año Internacional de la Mujer en 1975 y se habían iniciado los trabajos del Programa de la onu para la incorporación de las mujeres al desarrollo. Con estas actividades se comenzaba a dar respuesta a las inquietudes y demandas de los movimientos de las mujeres, surgidos principalmente a partir de los debates en 1968. En esos años de transición entre un trabajo arduo de militancia feminista y la necesidad de emprender estudios rigurosos sobre la condición de las mujeres en México, descuella la labor de una revista excelente y pionera, fem, que dedicó sus páginas a la investigación y difusión de los problemas de las mujeres, y a los avances en los estudios sobre esos temas en otros países. Con una dirección colectiva en sus inicios, en la que destacó la inolvidable maestra universitaria Alaíde Foppa, la revista iluminó el camino a los estudios por venir y a las revistas que la sucederían.

De esa dirección colectiva partió el empeño de Elena Urrutia para inaugurar en El Colegio de México un espacio para los estudios sobre las mujeres. Su fortaleza y decisión atrajeron a numerosas profesoras e investigadoras de la institución a fin de reunirse y comenzar una tarea que, vista a lo largo de estos 37 años, resulta precursora y ejemplar. Reviso ahora los estantes de mi librero y me sorprende gratamente la enorme cantidad y calidad de las publicaciones editadas durante esos años.

A esa atrevida convocatoria de Elena Urrutia respondimos muchas profesoras y algunos colegas que habíamos leído a Virginia Woolf, Simone de Beauvoir, Betty Friedan y muchas otras autoras, y que teníamos la firme convicción de que en El Colegio urgía comenzar a estudiar a las mujeres desde esas perspectivas que se abrían ya camino en la academia de Estados Unidos y Europa.

Es difícil resumir la efervescencia de esos años iniciales. Cuando se organizaron las labores, los talleres y los salones de El Colegio del Ajusco recibieron a profesoras, investigadoras y militantes llenas de entusiasmo para profundizar en el conocimiento sobre el trabajo, la pobreza, la salud, la educación y la sexualidad de las mujeres, y también sobre las categorías epistemológicas que apuntalarían esos estudios. Así, había surgido el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer; las demandas de las mujeres habían encontrado una habitación propia en la academia y pronto llegaron las famosas “quinientas libras” de Woolf, en la forma de un financiamiento por parte de la Fundación Ford, que le otorgó al Programa cierta libertad para pensar y actuar.

En esos años se atesora el trabajo intenso y motivador de profesoras como Mercedes Barquet, Orlandina de Oliveira, Brígida García, Vania Salles, María Luisa Tarrés, Soledad González Montes, Teresita de Barbieri, Alejandra Massolo, Irma Saucedo, Dalia Barrera Bassols, Ivonne Szasz, Marta Torres y muchas otras y otros, como Nelson Minello y Juan Guillermo Figueroa.

En los estudios interdisciplinarios en marcha surgió el interés de incorporar la investigación en torno a la literatura escrita por las mujeres en México. Fue una preocupación primordial del equipo fundador, que encontró en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios (cell) el impulso de un grupo de profesoras comprometidas con el esfuerzo de rescatar la producción de las escritoras mexicanas. Hacía falta estudiar la obra de muchas autoras que eran ignoradas o subestimadas, marginadas, maltratadas y excluidas del canon literario.

Para encabezar esa tarea de recuperación fue determinante la decisión y el ingenio de Aralia López González. En 1984 ella se había doctorado en el cell con una tesis que fue la primera investigación doctoral en la historia de El Colegio de México sobre una escritora mexicana, sobre Rosario Castellanos. Además, con anterioridad había defendido su tesis de Maestría en la Universidad de Puerto Rico con el tema de la intimidad a la acción en la narrativa de escritoras latinoamericanas. Sin duda, podemos afirmar que ambos textos fueron la preparación para el trabajo que emprendimos a partir de ese año.

Con Aralia López tuve la suerte de compartir las sesiones del Seminario de Literatura Mexicana Contemporánea, coordinado con gran inteligencia y éxito por la Dra. Yvette Jiménez de Báez en el cell. Fue la cúspide de nuestra formación. Asimismo, fungimos como coordinadoras de ese Centro de Estudios y aprovechábamos la tranquilidad de las tardes para conversar sobre las mujeres, la maternidad y la escritura producida por ellas. Entonces advertimos la urgencia de adentrarnos en el análisis de una multiplicidad de textos mexicanos que habían sido soslayados por la crítica. Para comenzar ese proyecto, nos reunimos con nuestras compañeras del mencionado seminario: Ana Rosa Domenella, Edith Negrín, Diana Morán y otras colegas con quienes compartíamos este interés por la narrativa mexicana escrita por mujeres: Nora Pasternac y Laura Cázares. Enseguida se publicó una convocatoria en el periódico y logramos reunir un grupo extenso proveniente de diversas instituciones universitarias.

Desde entonces también forman parte de ese taller de narrativa mexicana escrita por mujeres numerosas colegas: Gloria Prado, Laura López Morales, Luz Elena Zamudio, Blanca Ansoleaga, Leticia Villaseñor, Doris McKinney y Mercedes Arizpe. Ese grupo se independizó y enriqueció más tarde con la participación de jóvenes colegas que fortalecieron los cimientos del proyecto original. El taller cambió de nombre a “Taller de teoría y crítica feminista Diana Morán”, tras el fallecimiento de nuestra querida y admirada colega panameña.

En la actualidad, el Taller continúa sus investigaciones en la sana distancia, debido a la pandemia, tras 36 años de trabajo incansable con estudios sobre las escritoras mexicanas y latinoamericanas de los siglos xix, xx y xxi, y con un fundamento teórico desde la perspectiva de género. Los proyectos han sido reconocidos con becas y financiamiento de diversas instituciones y las profesoras participantes hemos dirigido numerosas tesis y trabajos en torno a las escritoras mexicanas. Por otra parte, revisar las publicaciones del Taller Diana Morán nos llevaría a un examen del esfuerzo de reconstrucción de ese mundo creativo de las mujeres de Latinoamérica y México, desde el siglo xix hasta la producción literaria de las novísimas autoras que leemos y analizamos con pasión. Un trabajo de revisión ya realizado por Ana Rosa Domenella, nuestra cronista.

El piem se convirtió en el Programa Interdisciplinario de Estudios de Género (pieg) y nuestro Taller, independiente y tenaz, en memoria de Diana Morán, Margarita Tapia y Aralia López González, persiste en sus tareas de analizar, reconocer y difundir la escritura de las mujeres, porque en sus textos buscamos una verdad que perseguía Virginia Woolf en sus meditaciones junto al río, y continuamos denunciando la violencia en contra de las mujeres y el feminicidio en México.◊

 


* LUZ ELENA GUTIÉRREZ DE VELASCO ROMO

Es profesora-investigadora en el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México. De 1996 a 2002 coordinó el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (piem).