Los buenos recuerdos

 

ANA MARÍA JARAMILLO*

 


 

La tía Albita me acompañó a una poza de agua cristalina y helada. Ella ya no puede entrar: sufrió de una luxación de la cadera y hoy su pierna izquierda es 15 centímetros más corta. Me observa desde la orilla en su poltrona con ruedas mientras floto boca arriba y me dejo ir, mientras miro las copas de los portentosos amates sagrados.

—Tía, voy a guardar este momento como uno de los mejores de mi vida. Hasta veo a Dios en todo esto.

—No te burles. Sé bien que eres atea, pero si ya ves a Dios en los árboles, es un buen comienzo.

—Entonces, tía, ¿éste será un buen recuerdo para ti?

—No, no califica, tal vez como un recuerdo magnífico sí, pero la regla para convertirse en un buen recuerdo es que no se etiquete antes. Los buenos recuerdos se viven desprevenidamente y suelen borrarse como el atardecer entre la noche o como la luna tras la luz del sol. Son tan buenos que es mejor no recurrir a ellos; la vida presente puede hacerse insoportable, nostálgica y llena de resentimientos. Los buenos recuerdos deben permanecer en el pasado; son relámpagos que se guardan en la memoria, se atesoran en el corazón, y un día un pajarito trae una hoja o un fruto en su pico y nos coloca en aquel instante y lugar, bello en sí mismo, inocente, sin prisas ni juicios externos, que nos llena de armonía, y por el que constatamos que fuimos capaces de crear una obra de arte con nuestras vidas, para nuestro deleite interior; además, debe ser un secreto inmaculado: no puede estar sujeto a interpretaciones maliciosas. Los buenos recuerdos surgen al final de una caminata solitaria por la playa, en medio de la lectura de un libro, a través de una carta abandonada en un buzón, en un cruce de caminos donde debes decidir si sigues de frente o giras.

—Ok, tía, la próxima vez no te aviso.◊

 


 

* Es una escritora, economista y editora colombiana radicada en México desde 1988. Codirige la editorial mexicana Ediciones sin Nombre. Ha ganado los siguientes galardones: Premio Nacional de Cuento (Colcultura, Colombia, 1993), Premio Nacional de Cuento de Colombia (1994) y Premio de Cuento de la Secretaría de Cultura de Pereira (2007). Ha publicado, entre otros, los libros Las horas secretas en México (1992), Crímenes domésticos (1994), El sonido de la sal (2016) y La dama, el poeta, el ropavejero. Cambalche de enseres y otros recuerdos (2016).