Escritura

 

IDA VITALE*

 


 

A manera de introducción

 

Uno de los libros más extraños en la obra de Ida Vitale es Cuando vuela el camaleón, que Ediciones Sin Nombre publicó en el año 2000. Pero, con el tiempo, la extrañeza de ese texto —relato, ensayo, poema en prosa— se asienta en la normalidad, que casi se diría clásica, de una escritura que crece en su luminosidad radiante (juicio con algo de pleonasmo). Para esta pequeña editorial, que la gran escritora uruguaya quisiera publicar en ella fue todo un honor. Después hablamos de la posibilidad de hacer otro libro. En una de sus visitas a México nos dejó un mecanuscrito que empezamos a trabajar con la idea de hacer una nueva publicación. También se trataba de una extraña mezcla de géneros, cosa en la que ella es una experta, como si, a la manera del gato de Lezama, estuviera siempre huyendo de su definición mejor. Su literatura tiene una sensibilidad que definiría bien la palabra tropismos, si no la hubiera ya usado Natalie Sarraute en los años en que Ida empezaba a escribir. A petición de Otros Diálogos, continuación electrónica de la revista en que ella colaboró en varias ocasiones, seleccioné—a manera de homenaje— seis textos de ese libro que aún no aparece.

—José María Espinasa

 

Escribir

Escribir es una constante elección de palabras, entre azufrado y sulfuroso, entre plan y conjura, entre giro y viraje, entre muero y renazco.

 

Verso

La joven pata piquituerta —de algún modo debo señalar su mal de pico, al que de un lado, faltándole un trozo, sólo le queda una membrana— ya acostumbrada a mí, corre cuacuaqueando, segura de que al término de su escándalo la esperan sus porciones de pan, que los demás no le discuten, como compadecidos de su limitación. Y sí. Así, mirando hacia adelante y hacia abajo, aunque en silencio, camina el verso —no siempre va y viene— seguro de que, si se limita, si pisa en lo estricto, llegará con buen fin, lo atenderé, responsable de sus debilidades.

 

Independencia

En un espejo de palabras se ve fea. Puedo considerarla asunto privado y moral, a sostener si la general miopía aumenta. A veces la llenan de aire las inflexiones políticas o económicas: manejarla resulta como volar contra el viento o escalar una columna de agua. Si desacreditarla nos asegura la incomprensión que aísla, sus cascabeles pueden también cubrir el error de creer posible ser solos. Todos dependemos de todos y eso tiene algo de bueno: hace crecer nuestro derecho a exigir de los demás cordura, decencia y justa generosidad, y nuestra paralela obligación de rechazar las pretendidas rupturas que nos desligan. Somos simétricos; simetrías externas quizás nos dupliquen en gemelos ignotos que exijan nuestra confianza. Y similitud y confianza pueden llevar a una relación de recíproca y generosa dependencia.

Tampoco las palabras pueden andar solas. En la cuerda floja que es la vida, no son las últimas en exigirnos ecuanimidad. Para ello que a “independencia” y “dependencia” las vigile debidamente el “equilibrio”.

 

Matar una mosca

Hay algunos que no matan una mosca, pero cómo saber si ya no han sentido o si no llegarán a sentir pronto la necesidad de tener alguna a mano para matarla con la terrible saña que hasta ahora no se permitieron manifestar y que quizás hagan extensiva a otra criatura, a falta de moscas.

 

Batientes

Batientes de una ventana siempre cerrada, que no baten, han ido cambiando su naturaleza: se han vuelto hojas venenosas, aceros dispuestos a cortar la cabeza que pueda aparecer, en el riesgo del quicio.

 

Verano

Con el verano austinita, el agua del estanque, reducida, alcanza la paz última de saberse apenas levemente mojada.

 


* IDA VITALE

Es escritora y traductora. En este mismo número, José María Espinasa publica una crónica de la conversación que ella sostuvo con jóvenes estudiantes de Jalisco cuando acudió a recibir el Premio de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en diciembre de 2018.