Entrevista con Fernando Reimers: el futuro de la educación frente a la pandemia

Emilio Blanco, investigador de El Colegio de México, conversó el 3 de mayo de 2021 con Fernando Reimers, director de la Iniciativa Global de Innovación en Educación, sobre los desafíos que enfrentan la educación y la política educativa en el futuro inmediato.

 

EMILIO BLANCO*

 


 

Emilio Blanco: En tu artículo “Educación, desigualdad y opciones de política en América Latina”, del año 2000, identificabas la segregación escolar como uno de los principales problemas educativos. Existen investigaciones que muestran que ese problema es más serio hoy que entonces. Incluso podría decirse que el propio carácter público de la educación está en crisis. En este contexto, ¿es posible construir acuerdos colectivos y trazar rutas de mejora educativa realistas?

Fernando Reimers:** No creo que haya una crisis en el pacto entre educación y sociedad. Ha habido un progreso considerable en la región en materia educativa. En primer lugar, de acceso para los grupos más excluidos. En segundo lugar, de extensión de los niveles obligatorios de educación. En tercer lugar, de muchísima más atención a los temas de calidad y de relevancia. Ha aumentado también el gasto en educación, en particular en los estudiantes más pobres, a través de una serie de mecanismos de focalización.

También ha habido reformas que van mucho más allá de las financieras: se elevan los estándares, se busca mejorar la rendición de cuentas, se crean mecanismos de evaluación de la calidad y se prioriza la formación de los profesores. A partir de esto, se observan buenos resultados. Por ejemplo: en el último informe de pisa, basado en la prueba aplicada en el 2018, sólo en siete de los 79 países que participan se observan mejoras significativas en los últimos 20 años. Dos de los siete países donde hay mejoramiento están en América Latina.

Una de las cosas que nos ha mostrado la pandemia es cuánto ha madurado la región en la comprensión de que la educación es un derecho. Los enormes esfuerzos por mantener la oportunidad educativa nos muestran que hay mucha más valoración social de la educación de la que había hace dos décadas. ¿Quiere decir esto que no hay de qué preocuparse? No. Yo creo que estamos a la puerta de una nueva “década perdida”, como resultado de esta pandemia, que podría arrasar con los logros educativos de las últimas dos décadas.

 

EB: Es enorme la disrupción que ha significado la pandemia en la vida social y escolar. En tu documento denominado, “A Framework to Guide an Education Response to COVID” [“Un esbozo para orientar la respuesta educativa a la covid”], elaborado con Andreas Schleicher, están muy claros los desafíos que enfrentan los sistemas educativos. ¿Cuáles crees que deberían ser nuestras prioridades y estrategias pospandemia?

FR: Ése es el tema que debería interesar a los investigadores educativos en los próximos 10 años: cómo asegurar que esta pandemia no se convierta en el parteaguas que borre las últimas dos décadas de progreso. Ha habido una gran pérdida de aprendizajes y deserción escolar. Las familias de menores recursos tienen ahora una menor capacidad de apoyar la educación de sus hijos. En el futuro inmediato es posible que sea más difícil mantener los niveles de financiamiento educativo. Adicionalmente, la pandemia ha generado traumas y ansiedades entre los estudiantes y sus familias. El impacto de todos estos factores es, además, regresivo. Y, para complicar las cosas, hay enormes diferencias entre países en el impacto de la pandemia en educación. Los de América Latina han tenido la suspensión más extensa de clases presenciales, menores niveles en acceso a vacunas y mayor impacto económico. Es decir que los principales factores que median el impacto de la pandemia en la oportunidad de aprender son la clase social y la nacionalidad.

Pero la pandemia ha generado también ideas muy importantes. Primero, sabemos que nadie aprende cuando tiene miedo. La convicción de que hay que educar integralmente se va a quedar con nosotros por un tiempo, porque será esencial atender el trauma de la pandemia.

Segundo, espero mucho mayor aprecio por la ciencia y la tecnología como herramientas que nos permiten avanzar en la inclusión. Que a un año de esta pandemia haya vacunas creo que comunica al gran público el enorme poder de la infraestructura científica. También pienso que será una prioridad la preocupación por democratizar el acceso a la conectividad y a las capacidades para aprender de forma autónoma.

En tercer lugar, veo que hay una mayor valoración que antes por la educación en general y por el papel de los maestros. Después de quedarse con los chicos en casa, con clases, la gente entiende lo importante y lo difícil del trabajo de los profesores.

En cuarto, hemos descubierto que, si ha habido alguna forma de dar continuidad educativa en ciertos casos, es porque ha habido colaboración entre los profesores dentro del mismo establecimiento, así como entre ellos y otros profesores en otras instituciones: alianzas entre escuelas, universidades y organizaciones de la sociedad civil.

Otras ideas derivadas de la pandemia van a seguir orientando los esfuerzos educativos en los años venideros: el que educar permita a los estudiantes desarrollar un proyecto de vida, autonomía y la capacidad de aprender por cuenta propia. También la importancia de desarrollar una ética, la comprensión de que la única manera posible de salir de esta crisis es con solidaridad. El tema de las capacidades del siglo xxi ya no es algo esotérico: es fundamental preparar a los estudiantes para vivir con ambigüedad, con flexibilidad, para aprender por cuenta propia. También personalizar la educación, porque no hay dos estudiantes en el mismo salón de clase que sean iguales.

Asimismo, hay toda una preocupación sobre el agotamiento de los maestros. Esto nos va a llevar a repensar la profesión docente, a lo mejor como se piensa la profesión en el campo de la salud: una tarea que hacen equipos, mucho más distribuida, no el trabajo de un héroe encerrado en su salón de clases.

 

EB: Otra de las cosas que esta pandemia puso de relieve, y que toca directamente a la educación, es el poder de las fake news y las teorías de la conspiración política. ¿Cómo deberían de responder los sistemas educativos frente a esta situación? ¿Qué posibilidades ves para que la educación genere anticuerpos frente a estas formas de representar el mundo?

FR: El tema de la fragilidad de la democracia y de los riesgos que confronta es prioritario. El proyecto de la Ilustración, basado en el reconocimiento de que cada persona tiene derechos como los demás y la capacidad de gobernarse a sí mismo, está en riesgo. El nacionalismo populista, excluyente, intolerante, que rechaza el proyecto liberal globalizador, tiene ya un tiempo desafiando la idea de igualdad básica de las personas, la creciente diversidad de los países, las expresiones de la globalización como las migraciones. Esto existía antes de la pandemia, pero ahora se ha acelerado. No creo que la escuela sola pueda resolverlo, pero tiene un papel que jugar.

¿Qué puede hacer una escuela consciente de su papel como institución de la Ilustración, comprometida con el proyecto democrático? Lo primero es educar para la democracia. Esto no significa crear una asignatura separada, sino cultivar la agencia y la capacidad de cada persona de sentirse partícipe y responsable de mejorar las comunidades de las que forma parte. Incluye, también, desarrollar las capacidades de entender la ciencia, pensar de manera compleja y escuchar argumentos diferentes. Pero si hubiera sólo tres cosas que la escuela pudiera hacer, ¿cuáles serían? Desarrollar el aprecio y la curiosidad por la diferencia, el respeto por el derecho a pensar de manera diferente y cultivar la capacidad de colaborar con otros para asumir responsabilidad en resolver juntos problemas compartidos.

 

EB: Esto se conecta con otro tema central. En la región tenemos problemas serios de formación en las áreas básicas de conocimiento. ¿No ves una tensión potencial entre esos aprendizajes fundamentales y el aprendizaje de habilidades más complejas? Además, estas últimas no se pueden enseñar de la misma forma que las primeras. ¿Cómo se concilia la enseñanza de aspectos tan distintos?

FR: Cuando dirigí la evaluación del Programa Nacional de Lectura (pnl) de México, en el año 2005, me pregunté de qué manera este programa desarrollaba, además, capacidades cívicas. Hay muchas maneras de hacerlo. El pnl partía de la idea de que los niños tenían intereses diversos y que leían en niveles diversos, que había un espacio donde tenían la libertad de escoger qué leer y que la escuela se acomodaba a eso, lo que ya era una gran lección de democracia.

Además, la Secretaría de Educación Pública (sep) había desarrollado procesos regionales de selección de los libros de lectura en los cuales participaban padres y maestros; había logrado que todos los editores mexicanos presentaran un catálogo de libros, y se tenía el proceso más participativo que puedas imaginar. El resultado fue colecciones con gran diversidad de títulos, muchos de ellos explícitamente enfocados en la promoción de valores democráticos. Eso es una manera de enseñar a leer, pero es también una manera de enseñar a vivir en democracia.

 

EB: Cambiando de tema: durante mucho tiempo, buena parte de la agenda de discusión pública giró en torno a evaluaciones estandarizadas de aprendizajes. Esto ha tenido consecuencias buenas para el debate, pero también ha recibido críticas. Además, en los últimos años se ha enfriado el entusiasmo por la evaluación en la región. ¿A qué tipo de evaluación educativa deberíamos apuntar para enriquecer el debate?

FR: Para poner la pregunta en perspectiva histórica: recuerdo una época en donde no había ninguna información que fuera pública sobre lo que aprendían los estudiantes en la escuela. Había evaluaciones como las que hacía la Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Educativo (iea), pero eran poquitos los países de Latinoamérica que participaban. México había participado por primera vez a mediados de los años noventa. Casi nadie lo sabía, solamente los investigadores. Además, cuando el gobierno recibió informes preliminares que indicaban que el desempeño de los alumnos estaba entre los más bajos del mundo, la sep se retiró del estudio y les dijo a los pocos investigadores nacionales que conocían los resultados: “Esto no existe, nadie sabe que esto haya ocurrido”. Ése era el mundo hace apenas tres décadas. En ese contexto, es poderosísimo que los países de la región hayan empezado a decir: “Hay que saber qué están aprendiendo y quiénes están aprendiendo qué”. Es muy difícil gestionar un sistema sin una buena información de ese tipo, y ése es un logro de las últimas tres décadas.

En la década de los 2000 tuve el honor de formar parte del Consejo Académico Internacional del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (inee), que era una innovación institucional extraordinaria en México, conociendo cómo era México y la poca rendición de cuentas que había. Crear una cultura de la evaluación no es sencillo; ¿cómo pasas tú de una sociedad en la que no ha habido información pública a hacer que haya información sobre resultados y que ésta se utilice bien? Esto es todo un proceso, un aprendizaje social. Yo recuerdo los informes anuales que escribía Felipe Martínez Rizo para educar a la población sobre dónde estaba el sistema y los estudiantes. Aquello representaba una innovación institucional como de un siglo en la cultura educativa del país.

En ese contexto empiezan los países de la región a participar en este esfuerzo comparado que organiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ocde) y que se llama pisa, y que a mí me parece de lo más positivo, porque genera una conversación sobre si el currículum está ayudando a desarrollar las competencias necesarias para participar en una sociedad democrática y basada en el conocimiento. Si lees la definición de lectura en pisa, es básicamente qué significa leer en una sociedad democrática. Lo que pisa trae al debate es que tú necesitas un pensamiento complejo para funcionar en una sociedad democrática y eso parte de tus capacidades de comprender al otro y de poder comunicarte con el otro.

Por eso me cuesta entender cómo y cuándo pisa pasó a ser vista como “un proyecto neoliberal para controlar el mundo”, como me dijo una vez un ministro de un país de América del Sur. Es una verdadera tragedia, pero esta escuela de pensamiento ha ido acumulando seguidores. Me imagino que es parte del fake news: parte de un mundo donde tú puedes inventar cualquier cosa y crearte tus seguidores en tu cámara aislada, refractaria a la realidad. En este sentido, me dio mucha pena enterarme de que habían desaparecido al inee. Me pareció un gran retroceso, equivalente a permitir que los nombramientos de maestros los vuelva a controlar el sindicato. Es como si México hubiera decidido retroceder a 1950.

Por supuesto que nos hace falta evaluación y rendición de cuentas para apoyar el mejoramiento continuo de un sistema educativo. Una educación que valga la pena solamente es posible si hay una cultura compartida, una serie de ideas compartidas sobre qué es lo que se debe aprender, qué significa aprender bien y enseñar bien, y eso requiere información, la que permite a la gente estar en desacuerdo, ponerse de acuerdo, entenderse a partir de que cada quien examine sus creencias a la luz de los hechos que refleja precisamente la información. Sin información eso es imposible; sólo quedan las creencias de cada quien, y el que tiene la razón es el que tiene más poder. La información y la investigación son la base que permite la construcción de acuerdos, los consensos y la acción colectiva. Sin los puentes que permite construir la disciplina de conocer los hechos no queda sino la fragmentación de esfuerzos y la imposibilidad de colaborar para resolver problemas complejos que requieran de la suma de muchas voluntades.

El conocimiento sobre la educación no debería ser distinto al de las ciencias que nos permitieron descubrir varias vacunas contra el coronavirus en un plazo récord, como resultado de que todos los investigadores que estaban en este tema colaboraron, publicando lo más rápidamente posible lo que hacían y lo que iban descubriendo. Los hallazgos científicos no tienen pasaporte. La ciencia es una de las actividades humanas más cosmopolitas. Es lo mismo con la educación. La buena educación, las buenas prácticas, el saber cómo dar oportunidades a niños en condiciones vulnerables, no tiene por qué ser distinto en Colombia, en Estados Unidos o en la India.

 

EB: Nos acercamos al final de la entrevista. Además de agradecerte, quería saber si querrías cerrar esta conversación con algún comentario adicional.

FR: Yo quería darte las gracias por la oportunidad. Quería también reconocer que, en un contexto como éste, de fragilidad para la democracia en México y en el mundo, instituciones como El Colegio de México pueden jugar un papel muy importante, como lo pueden jugar todas las instituciones de educación superior educando al público sobre la base del estudio cuidadoso de la realidad, de acercarse a los hechos. Cuando Humboldt estableció la Universidad de Berlín, la primera universidad moderna, imaginó tres misiones: una, fomentar el pensamiento crítico para que la gente pudiera pensar por su cuenta; dos, avanzar en el descubrimiento de la verdad, y, tres, educar al público. Él estaba seguro de que, con un público poco educado, la única opción era la tiranía. Una institución como El Colegio de México puede jugar un papel muy importante en esas tres misiones, pero la última, la de educar al público, es especialmente importante hoy en día.

EB: Muchísimas gracias, Fernando. Espero que podamos tener más oportunidades en el futuro para seguir conversando de estos temas.

 

N.B. Por cuestiones de espacio, la entrevista se presenta resumida. La conversación in extenso se puede escuchar a continuación:

 

 

 


* EMILIO BLANCO

Es profesor-investigador en el Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México. Se especializa en temas educativos y desigualdad. Es autor del libro Los límites de la escuela. Educación, desigualdad y aprendizajes en México (El Colegio de México, 2011).

** FERNANDO REIMERS

Es profesor de la Fundación Ford de la Práctica de Educación Internacional en la Universidad de Harvard. Es director de la Iniciativa Global de Innovación en Educación y del Programa de Maestría en Política Educativa Internacional de la misma universidad. Su trabajo se enfoca principalmente en cómo educar a los jóvenes y niños del mundo para enfrentar los desafíos del presente siglo. A lo largo de su carrera ha realizado contribuciones fundamentales para el análisis de la calidad y la desigualdad de la educación en América Latina.