El exilio español de 1939 y los retos de la migración centroamericana actual

Los gobiernos y los medios de comunicación difunden la idea de que los migrantes son una carga para los países que los reciben, pues aprovechan sus recursos sin aportar nada a cambio. Las investigaciones han refutado muchas veces esta idea que, sin embargo, prevalece. En este ensayo, Silvia Giorguli muestra cómo México, con muy pocos medios jurídicos para hacerlo, acogió e integró a los refugiados de la guerra civil española y, en cambio, con más y mejores instrumentos legales, hoy es incapaz de hacer lo mismo con los inmigrantes centroamericanos.

 

SILVIA E. GIORGULI*

 


 

La narrativa en torno a la migración

 

Tengo el gusto de participarle haber arribado hoy sin novedad a Veracruz los niños españoles que el pueblo recibió con hondas simpatías […] El estado toma bajo su cuidado a estos niños rodeándolos de cariño y de instrucción.

—Telegrama de Lázaro Cárdenas a Manuel Azaña a la llegada a México de los Niños de Morelia.

 

El discurso sobre migración que actualmente sostienen algunos gobiernos, medios de comunicación y sectores de la opinión pública mundial tiende a resaltar la idea de que los inmigrantes son una amenaza para los países que los reciben y que implican una carga financiera para sus gobiernos por tener acceso a los servicios sociales (como salud y educación) y a sus distintos programas asistenciales sin, a su vez, contribuir a la economía del país. Se trata de dos ideas ampliamente arraigadas en el imaginario, pero que no se sostienen cuando se revisa la evidencia empírica, como ha demostrado la vasta investigación sobre migración internacional. A pesar de ello, guían la definición de las políticas públicas y favorecen la generación de prácticas discriminatorias y de discursos xenófobos en los lugares de arribo de los migrantes.

La narrativa creada por autoridades y funcionarios contribuye a crear un ambiente más o menos favorable a la llegada e integración de migrantes de otros países. En este año en que se conmemoran ochenta de la llegada de los exiliados españoles a México, se hace visible el contraste entre la narrativa más positiva en torno a la migración, promovida por el general Lázaro Cárdenas, y el discurso ambiguo que prevalece hoy sobre el mismo tema y acerca de algunos de sus problemas más delicados, como la presencia —inédita por su volumen— de menores de edad en los flujos migratorios. ¡Qué diferencia entre el mensaje de Lázaro Cárdenas a Manuel Azaña frente a la migración de los que podemos considerar como menores migrantes no acompañados (los Niños de Morelia) y el vacío en torno a la protección de los niños centroamericanos que llegan hoy a nuestro país huyendo también de situaciones de violencia!

La llegada del Sinaia al puerto de Veracruz en junio de 1939 —el primero de los varios barcos de exiliados españoles que llegarían a México— ha servido como marco de referencia para la conmemoración de los ochenta años del exilio español en México. En los diversos actos conmemorativos —de corte académico, político, de recuperación de la memoria histórica y con las familias de los exiliados—, resalta la reconstrucción de lo que podríamos llamar “una integración exitosa” de los migrantes de entonces. Junto a las historias desoladoras por la angustia de dejar la patria de origen, la separación familiar y la incertidumbre frente a la llegada a un país que la mayoría de los exiliados conocían poco, convive una narrativa sobre la amable —a veces entusiasta— recepción que les brindó México, su apoyo político en ese momento, así como el agradecimiento y lealtad de los exiliados y sus hijos al país que les dio cobijo.

A pesar de las distancias en tiempo histórico y origen geográfico, existe un paralelismo entre la migración española a México de finales de los años treinta y principios de los cuarenta y el actual éxodo centroamericano a su paso por nuestro país. En ambos casos se trata de migraciones de carácter político, involuntarias y forzadas por la situación prevaleciente en los países de origen —España para los primeros; Honduras, El Salvador y Guatemala para los segundos. Para muchos, la opción de migrar a México representó antes, y representa hoy, una alternativa viable de sobrevivencia frente a un contexto de violencia o ante las amenazas directas de muerte.

Comparten además la característica de ser ambas migraciones familiares. El exilio español trajo a México familias enteras, mujeres con sus hijos, pero también menores no acompañados, como en el caso de los Niños de Morelia. Parte de lo que hoy nos sorprende de la migración centroamericana en México es que rompe con la imagen del migrante masculino, joven, que emprende el viaje motivado principalmente por razones laborales. Los datos del gobierno mexicano señalan que una tercera parte de los migrantes detenidos en nuestro país son menores de edad y que, comparada con el pasado, la migración actual incluye una proporción mayor de mujeres. Un perfil similar se observa en las detenciones por parte de las autoridades estadounidenses. Según las estimaciones disponibles, más de 57% de los detenidos en la frontera entre México y Estados Unidos de enero a julio de 2019 viajaban en unidades familiares. Esta cifra contrasta con sólo 4% de migraciones en familia en 2013 (y 85% de migrantes adultos solos). Tales datos ilustran con claridad el carácter eminentemente familiar de la migración de hoy versus el patrón de movilidad individual de miembros adultos del hogar por motivos de trabajo, cuando dejaban a la familia en su lugar de origen, pauta prevaleciente en México hasta el pasado reciente.

 

La dirección en la política de asilo y refugio

 

Quien dice exilio, nombra con ello las manos amigas y generosas tendidas al exiliado y maldice también las ásperas manos (venturosamente pocas) que lo rechazan.

—Adolfo Sánchez Vázquez, Cuando el exilio permanece y dura

 

El exilio español se dio bajo la figura del refugio sin que hubiera un marco legal anterior que claramente respondiera a la coyuntura. La ausencia de este marco no fue impedimento, sin embargo, para el ingreso de los exiliados españoles. En este sentido, el objetivo de la política de Lázaro Cárdenas era claro: atender la situación de emergencia y, con ello, dar una respuesta inmediata para facilitar el arribo de los exiliados.

En contraste con el pasado, la migración centroamericana a México y Estados Unidos se da hoy en un momento de crisis de los sistemas de asilo de ambos países. A pesar de la claridad en la definición de refugio y asilo en los instrumentos internacionales y en los marcos normativos nacionales, no existe un marco institucional que responda a la coyuntura actual. En el caso de Estados Unidos, los especialistas se refieren a “un sistema fallido” (a broken system) que se refleja en el larguísimo tiempo —de años— que toma dar respuesta a las solicitudes de asilo y en el estado de indefinición de más de 350 000 casos.  Para México, una asertiva Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político, aprobada en 2011, contrasta con los escasos recursos destinados al órgano encargado de procesar las solicitudes, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (comar) y con el altísimo porcentaje de casos sin resolver (80% en 2018).

Lo paradójico es que —a diferencia de la época del exilio español— hoy tenemos más convenciones, instrumentos, agencias internacionales y gubernamentales enfocadas en el tema de asilo y refugio; sin embargo, tanto el gobierno de México como el de Estados Unidos han sido incapaces de dar respuesta eficiente y expedita a las solicitudes de asilo. El propósito central de la figura de asilo es dar protección a los migrantes que lo solicitan para escapar de situaciones que ponen en riesgo su vida. En el marco actual de limbos legales e incapacidades institucionales, este propósito queda desdibujado.

 

De la integración de los exiliados españoles y las barreras que enfrentan los centroamericanos

 

México es un verdadero país en el que los habitantes se hallan animados de un impulso, de un deseo de aprender y de avanzar que raramente se encuentra en otra parte. Se añade a ello una extrema amabilidad, un sentido de la amistad y la hospitalidad que han hecho de México, desde la guerra de España hasta el golpe de estado de Pinochet en Chile, una tierra de asilo seguro.

—Luis Buñuel, Mi último suspiro

 

Un tema constante en las discusiones entre los países es la forma en que los migrantes se integran a los lugares de llegada. En el caso de Estados Unidos, por ejemplo, se escuchan recurrentemente argumentos sobre la falta de integración de mexicanos y latinos, lo que supuestamente se refleja en la reproducción de sus desventajas económicas, que se perpetúan a través de las generaciones. Con el exilio español llegaron a México intelectuales, académicos, obreros, amas de casa. Sabemos que, después de su llegada a México, algunos de ellos buscaron otros lugares de destino, como fue el caso de ciertos intelectuales. Sin embargo, al menos en el imaginario y en la reconstrucción de lo que pasó después de su arribo a este país, prevalece una visión positiva que destaca las contribuciones de los exiliados en diversos ámbitos, como el educativo (con la fundación de varias escuelas en la Ciudad de México y en otros estados), y en el desarrollo de la ciencia y la investigación (con su integración a la Universidad Nacional Autónoma de México, al Instituto Politécnico Nacional y la fundación de El Colegio de México). En general, las historias que se cuentan son de una integración exitosa a México, que se refleja en las generaciones sucesivas, las cuales conviven con su pasado español y mantienen un agradecimiento continuo al país que los acogió o que lo hizo con sus padres o abuelos.

En un momento en que el discurso sobre la migración internacional es preponderantemente negativo, donde se ve al migrante como una amenaza y en el que aumentan los discursos xenófobos y discriminatorios, desde Estados Unidos hasta Europa y Sudamérica, la experiencia del exilio español en México invita a la reflexión. ¿Qué fue lo que facilitó una integración favorable de los exiliados a México? Si efectivamente existe un paralelismo entre el exilio español y la migración forzada hoy, ¿qué podemos aprender?

Sin pretender agotar el tema, creo que resaltan dos posibles lecciones del exilio español para quienes tienen la responsabilidad de dar respuesta a la inédita oleada de inmigrantes a México:

1. El contexto institucional de llegada importa. El contexto internacional a finales de los años treinta, en la antesala de la Segunda Guerra Mundial, era adverso a la recepción de los migrantes que huían de la guerra civil española. La tibieza del gobierno francés para acoger a los españoles es una muestra de las tensiones internacionales del momento. Sin embargo, el gobierno mexicano generó una vía legal para la llegada de los exiliados españoles a México. No llegaron como indocumentados. Lo hicieron en un contexto institucional que les facilitó el asentamiento y la búsqueda de trabajo. Aclaro que no se trataba de darles un trato privilegiado, sino de crear un contexto institucional que permitiera que buscaran trabajo, abrieran negocios o desarrollaran sus actividades en una situación de igualdad de oportunidades con los ciudadanos mexicanos. Esto permitió el desarrollo en lo laboral y la posibilidad de crear y mantener instituciones, como los colegios del exilio (el Colegio Madrid y el Instituto Luis Vives, entre otros).

La lección que podemos tomar aquí es muy clara: la creación de vías legales para la llegada y el establecimiento de los migrantes, su libre acceso a los servicios (como los de salud y educación) y a los mercados de trabajo, así como las oportunidades de inversión disminuyen las barreras para su integración al país de llegada. Más aún, permiten que los migrantes contribuyan con su trabajo al desarrollo del país que los recibe, en este caso México.

2. Para generar una narrativa favorable a la migración, el liderazgo del gobierno y la voluntad política para resolver las situaciones adversas es fundamental. En el caso del exilio español, el presidente Lázaro Cárdenas tuvo un papel clave para definir las condiciones de llegada de los exiliados. Es el tipo de liderazgo que se requiere para enfrentar los discursos de xenofobia y racismo. La lección se resume en dos aspectos: 1) Se requiere voluntad política y dirección clara en la política migratoria que den prioridad a resolver las trabas legales e institucionales en el manejo de los flujos migratorios; y 2) El gobierno, a través de sus acciones y su discurso, juega un rol fundamental en la construcción de una narrativa positiva en torno a la migración.

En nuestros vecinos del norte tenemos el ejemplo de un sistema migratorio fallido que condujo a la existencia de una población de casi 12 millones de indocumentados (la mitad de ellos nacidos en México). Si algo hemos aprendido de las políticas restriccionistas de Estados Unidos es que sirvieron para incrementar tanto los riesgos en la frontera como las muertes en el cruce, que hicieron más lucrativo el negocio de tráfico de personas y que generaron una crisis en el manejo de la migración en ese país.◊

 


 

* SILVIA E. GIORGULI

Es profesora-investigadora en el Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México. Es, además, presidenta de este último y directora de Otros Diálogos.