El español y el pensamiento científico1

No deja de ser extraño que el español no se considere, en general, una lengua de escritura científica, particularmente en vista del tamaño de su comunidad y de la calidad de la investigación que se produce en los países hispanohablantes. Silvia Giorguli analiza algunas de las razones económicas e institucionales a las que se debe este hecho y propone alternativas para impulsar el uso del español como lengua de producción científica.

 

SILVIA E. GIORGULI*

 


 

El inglés cumple al menos un siglo como lengua predominante en la comunicación del conocimiento científico. Después de haber desplazado al francés y al alemán, en las primeras dos décadas del siglo xx se consolida en este papel como consecuencia de los avances tecnológicos en Estados Unidos y el Reino Unido, y ante el fortalecimiento del modelo universitario en ambos países. En décadas más recientes, las de la era digital, el inglés se afianza como lingua franca, ya que facilita la comunicación entre las academias de diversas regiones del mundo. La globalización y el consecuente aumento de la movilidad, en general, y de las comunidades científicas, en lo particular, han traído consigo un incremento en los espacios de reunión —congresos, talleres, seminarios— en las diversas áreas del conocimiento. En este contexto, el inglés se mantiene como la lengua convenida para el intercambio entre académicos alemanes, chinos, franceses e hispanohablantes, y desempeña así una función necesaria para el desarrollo del conocimiento.

Además, la digitalización y la publicación de los resultados de investigación a través de revistas científicas ilustran el control bibliográfico del inglés en la difusión del pensamiento científico a nivel global. Una revisión de los documentos publicados en la Web of Science2 apuntaba que 95% de los artículos publicados entre 2005 y 2010 en revistas científicas estaban en inglés, dato particularmente revelador a la luz de que sólo la mitad de los autores de dichos artículos proviene de países angloparlantes (Plaza et al., 2013: 336; Lara, 2015).

La más reciente publicación electrónica de estas revistas y su amplio acceso —a veces de manera gratuita— han aumentado la visibilidad de la producción científica en este idioma. La priorización de las publicaciones en revistas de “alto impacto” como criterio central en las evaluaciones académicas, especialmente en las ciencias naturales, en medicina y en las ciencias exactas, genera incentivos adicionales para seguir publicando en inglés y desplaza a un segundo plano la publicación en las lenguas maternas de los autores. De hecho, a lo largo de este siglo se ha dado un aumento en el número de revistas científicas publicadas en inglés en países con una lengua oficial distinta (Instituto Cervantes, 2019). El desarrollo de sofisticados ejercicios de bibliometría, en los que se analiza el número de citas en revistas especializadas, muestra también el predominio incuestionable del inglés como lengua de comunicación científica.

En general, la comunidad científica hispanohablante está inmersa en la lógica de los incentivos para publicar en inglés. En México, basta revisar el sistema de evaluación académica en muchas de las universidades o en el Sistema Nacional de Investigadores. Con diferencias dependiendo de las áreas de conocimiento, existe en general una mayor valoración de la publicación en inglés (o, en su defecto, en otro idioma, como el francés o el alemán). Sin duda, esta predilección responde a la influencia de los modelos de citación de las revistas de “alto impacto”. Sin embargo, también conduce a una valoración implícita que relaciona las publicaciones en español con una menor calidad académica, ya sea porque se considera “más fácil” publicar en la lengua propia o porque se asume que los procesos de dictamen son menos rigurosos cuando se trata de publicar libros, capítulos o artículos en español.

 

¿La erosión de la función científica en español?

 

Para el Instituto Cervantes, “el español científico y técnico se encuentra relegado a un plano claramente secundario en el ámbito internacional” (2019: 66), lo cual contrasta con la alta valoración de la producción cultural en esta lengua. De hecho, los datos a partir de la Web of Science señalaban que la producción científica en español representaba apenas 0.4% de la producción total en 2010 (Plaza et al., 2013). Existen variaciones disciplinarias en este porcentaje; por ejemplo, los artículos en español en ciencias sociales sumaban 1% del total según el Social Science Citation Index y 2.4% en el caso de las humanidades de acuerdo con el Arts and Humanities Citation Index. Estas diferencias se explican porque, en el caso de ciencias sociales y humanidades, los temas se refieren con mayor frecuencia a estudios regionales (concentrados en América Latina o en España) o tratan sobre el español como objeto de estudio.

Aun así, es paradójica la escasísima presencia del español en las publicaciones indizadas si consideramos su extensión en cuanto al número de países hablantes, pues es la segunda lengua materna más hablada en el mundo y la tercera más utilizada en redes sociales e internet. Además, se ubica en muchos casos como la cuarta o quinta lengua de publicación científica después del alemán, el chino, el francés, el ruso y el portugués, según la disciplina. Con todo, conviene aquí introducir un primer matiz. Los datos presentados se refieren a los artículos de revistas especializadas indizadas en la Web of Science. Si analizamos el número de productos científicos publicados (disponible a través de algún buscador en redes), el panorama es ligeramente distinto. El inglés sigue a la cabeza, pero el porcentaje baja a 56% de la producción total, y el español representa ya 2% (Instituto Cervantes, 2019). Visto en términos de la producción total —no por el análisis de citas—, el español es la segunda lengua de publicación de documentos científicos. Además, la publicación ha mantenido un aumento constante y el número de revistas científicas en español indizadas también se ha incrementado.

Aunque 2% sigue siendo un porcentaje magro de participación, la diferencia con respecto al 0.24% detectado en la producción indizada en la Web of Science representa un matiz importante. En términos de estrategia, apunta a la importancia de digitalizar la producción científica en revistas, libros y capítulos, y a la necesidad de asegurar un acceso amplio a los materiales, del mismo modo que invita a pensar sobre los ejercicios de bibliometría que dominan el análisis del “impacto” de las publicaciones científicas. Nótese la referencia más allá de la producción de artículos científicos. La actual tendencia se enfoca en estos últimos. Sin embargo, en el mundo hispanohablante, y especialmente en ciencias sociales y humanidades, los libros de autoría y las obras colectivas se mantienen como una forma de presentación de los resultados de investigación.

Al respecto, en 2018, JSTOR3 decidió explorar el posible interés de la comunidad científica en la publicación de materiales en otras lenguas en su plataforma global. Para ello, inició un proyecto de digitalización de 684 libros de ciencias sociales y humanidades del catálogo histórico de El Colegio de México. Los libros se incorporarían a la biblioteca virtual de JSTOR y estarían disponibles para los usuarios de la plataforma. Los últimos libros terminaron de digitalizarse en julio de 2019. En diciembre de ese mismo año, JSTOR presentó un análisis de las descargas: a menos de un año de haber publicado las primeras versiones electrónicas de los materiales digitalizados, el número de consultas superaba las 500 000, y todos los libros se habían descargado al menos una vez (Kiplinger y Yaw, 2019). Los libros se habían consultado en 4 285 instituciones de 173 países, incluidos 161 países en los que el español no es lengua materna. Un dato adicional de la bibliometría es que Estados Unidos aparece en el segundo lugar por número de consultas.4 El resultado es especialmente sorprendente si se considera que JSTOR es un sitio concentrado mayoritariamente en materiales académicos en inglés. El beneficio de este ejercicio de digitalización es múltiple, dado que aumenta la visibilidad, permite el acceso a los materiales desde un sinnúmero de países y, por supuesto, asegura su conservación para que estén siempre al alcance de futuras generaciones.

 

¿Por qué y para qué publicar en español?

 

Como se señaló anteriormente, es común que el sistema de evaluación académica actual promueva la publicación en inglés en el mundo hispanohablante. De hecho, este mismo sistema de evaluación ha generado una desvalorización de la divulgación científica en español. No existe, en el caso de los trabajos de divulgación, un esquema de evaluación comparable al elaborado análisis bibliométrico basado en citas. El impacto de este tipo de publicaciones no se mide y, por lo tanto, no se ve. Como consecuencia, existen pocos incentivos para publicar en español y divulgar ampliamente los resultados de las investigaciones entre la comunidad hispanohablante. Esto, a su vez, tiene un impacto en los procesos de formación universitaria: la falta de publicaciones en español limita el acceso de un sector del estudiantado a las investigaciones más recientes y de vanguardia. Finalmente, existe una separación entre lo que se comunica por parte de los investigadores hispanohablantes en la comunidad académica internacional y lo que se puede consultar o revisar en español; de alguna manera, esta separación reproduce las desigualdades sociales en los países latinoamericanos.

En otros espacios, Luis Fernando Lara (2013 y 2015) ha argumentado que, a más de lo ya mencionado, esto puede generar que sólo una élite tenga dominio de la comprensión de los fenómenos que estudia la ciencia. A esto se sumaría que, al menos en España y México, donde se produce 73% de las publicaciones científicas en español, la mayoría de las investigaciones se realiza con recursos públicos, lo que, a su vez, genera un compromiso por parte de los académicos con sus comunidades lingüísticas.

Cabe señalar que el reto de aumentar la publicación de trabajos en español y trabajar en su mayor visibilidad y acceso varía entre disciplinas. Al día de hoy, casi tres cuartos de la producción científica en español se reparte entre tres áreas temáticas principales: ciencias sociales, ciencias médicas y artes y humanidades. Lo que sucede en el caso de las ciencias experimentales resume la complejidad del desafío para los académicos hispanohablantes. Para mantenerse actualizados sobre las novedades en la investigación e intercambiar con la comunidad científica más amplia se requiere necesariamente publicar en inglés. Sin embargo, en paralelo, tendrían que generarse incentivos para que aumenten la publicación en español y se acerquen así a las generaciones de investigadores en formación de manera amplia (y no sólo a quienes dominan el inglés). Asimismo, es necesario dar una mayor valoración a la divulgación del conocimiento científico como una forma de contribuir al desarrollo del pensamiento crítico y científico en los países. El bilingüismo, o la necesidad de publicar tanto en español como en inglés, representa sin duda una doble carga para los académicos, pero parece la única opción viable para mantener el español como una lengua vigente para la comunicación del conocimiento científico.◊

 


 Referencias bibliográficas

 

Instituto Cervantes (2019). El español. Una lengua viva. Informe 2019, España, Instituto Cervantes.

Kiplinger, John, y Valerie Yaw (2019). “The Impact of Open Access Latin American Scholarship: Digitizing the Backlist of El Colegio de México’s Press”, Estados Unidos, JSTOR.

Lara, Luis Fernando (2013). Historia mínima de la lengua española, México, El Colegio de México.

Lara, Luis Fernando (2015). Temas del español contemporáneo. México, El Colegio de México/El Colegio Nacional.

Plaza, Luis, Begoña Granadino y Esther García-Carpintero (2013). “Estudio bibliométrico sobre el papel del español en ciencia y tecnología”, en El español, lengua de comunicación científica, José Luis García Delgado, José Antonio Alonso y Juan Carlos Jiménez (coords.), España, Fundación Telefónica/Editorial Ariel.

 


1 Agradezco a Claudia Escobar y a Maximiliano González el apoyo para ubicar, en medio de la contingencia sanitaria, algunos de los textos aquí mencionados. Este artículo se nutre también de la discusión de varios años con los directores y editores de las revistas científicas de El Colegio de México; con Gabriela Said, directora de Publicaciones; con Micaela Chávez, directora de la Biblioteca, y con los colegas de la Biblioteca Daniel Cosío Villegas.

2 La Web of Science es una extensa base de datos que conjunta publicaciones científicas en todos los campos del conocimiento. Está organizada en tres grandes índices (Science Citation Index, Social Science Citation Index y Art and Humanities Citation Index), además de dos bases de datos de publicaciones sobre química y dos más de conferencias y congresos científicos. Incluye citas y textos completos de más de 35 000 revistas indizadas (https://clarivate.com/webofsciencegroup). Con la información de las publicaciones incluidas en la lista de Web of Science se elabora un análisis de citas que permite jerarquizar las revistas científicas según el volumen. Las de “alto impacto” serán aquéllas con mayor número de citas. El análisis sólo incluye revistas indizadas, es decir, aquellas que se aceptan en la Web of Science después de un proceso de evaluación y selección basado en el impacto, la publicación oportuna y el dictamen de pares, entre otros parámetros.

3 JSTOR es una biblioteca digital que resguarda más de 12 millones de documentos académicos de 75 disciplinas (https://www.jstor.org/). La plataforma ofrece acceso a los materiales científicos a través de la suscripción de universidades, bibliotecas u otras instituciones educativas, aunque permite también el acceso a ciertos materiales de manera gratuita.

4 Esta presencia de lectores que desde Estados Unidos consultan materiales digitales publicados por El Colegio se repite en otros indicadores como los de las revistas científicas y del Diccionario del español de México (dem). De hecho, hasta mayo de 2020 el número de consultas del dem en Estados Unidos era mayor que en México. En el futuro sería interesante analizar y discutir sobre la extensa comunidad de hispanoparlantes en ese país y el significado de esta amplia consulta de productos de investigación escritos originalmente en español.

 


* SILVIA E. GIORGULI SAUCEDO

Es profesora-investigadora en el Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales y, actualmente, presidenta de El Colegio de México.