Doce versiones de un poema de W.B. Yeats

 

–SEGUNDA PARTE–

 

Concluimos aquí la publicación de las doce versiones del poema de Yeats que iniciamos en nuestro número anterior.* En esta ocasión recogemos las traducciones de Pura López Colomé, Hernán Bravo Varela, María Baranda, Juan Carlos Calvillo, Alfonso D’Aquino, Argel Corpus y Francisco Segovia.

 


 

 

 

William Butler Yeats

Her Triumph

 

I did the dragon’s will until you came

Because I had fancied love a casual

Improvisation, or a settled game

That followed if I let the kerchief fall:

Those deeds were best that gave the minute wings

And heavenly music if they gave it wit:

And then you stood among the dragon-rings.

I mocked, being crazy, but you mastered it

And broke the chain and set my ankles free,

Saint George or else a pagan Perseus;

And now we stare astonished at de sea,

And a miraculous strange bird shrieks at us.

 

 

Pura López Colomé

 

Ella triunfa

Hasta que llegaste, obedecí al dragón
creyendo improvisar en el amor
o seguir las reglas del juego
dejando caer algún pañuelo;

mejores serían los actos que alas dieran
al tiempo, música celeste si ingenio dieran:
de pronto, entre los aros del dragón te alzaste.
Yo me burlaba, desquiciada; tú lo dominaste,

mis tobillos sueltos, las cadenas rotas,
cual San Jorge o Perseo pagano; y ahora
pasmados, clavamos en el mar la vista
mientras un ave extraña, milagrosa, grita.

 

El triunfo de ella

 

Obediente fui al dragón hasta tu llegada
pues improvisación el amor me parecía
o bien un juego predispuesto imaginaba
que al arrojar un pañuelo concluiría;

mejor habría sido dar alas al instante,
música celeste volverlo con ingenio:
entonces, entre los aros del dragón te alzaste.
Yo, loca, me burlaba, y tú, en pleno dominio,

mis tobillos soltabas, las cadenas rompías,
San Jorge o Perseo de condición pagana;
ahora pasmados clavamos en el mar la vista
ante los gritos de un ave milagrosa, extraña.

 

Su triunfo

 

Sumisa fui al dragón hasta tu llegada;
improvisación el amor me figuraba,
o que su curso establecido juego
probaría al dejar caer este pañuelo:

mejores actos al instante daban alas,
música celeste si el ingenio mediaba;
y entonces, entre los aros del dragón te alzaste.
Yo me burlé, locamente, pero tú lo dominaste,

rompiste las cadenas, mis tobillos soltando,
San Jorge o bien un Perseo pagano:
pasmados, ahora, clavamos en el mar la vista,
mientras un ave extraña y milagrosa grita.

 

Comentario. ~ Según R.F. Foster, casi toda la serie correspondiente a “A Woman Young and Old”, a la que pertenece este poema que W.B. Yeats probablemente comenzó a escribir en 1926, revela la antítesis hombre-mujer, sol-tierra, luz-oscuridad. Él había considerado que algunas partes de todo esto, incluso, podrían integrarse a la serie titulada “Two Voices”. Decide entonces adoptar la voz de una mujer, pues —según Foster— sentía una impaciencia creciente ante la actitud represiva irlandesa respecto del amor sexual. Resulta muy difícil saber a quién Yeats quiere declarar victorioso, al San Jorge que mata al dragón o a la mujer liberada de las cadenas. ¿Es el autor quien aquí se disfraza de mujer (para triunfar), haciendo a su amada un hombre que domina al dragón? Yo me inclino a estar de acuerdo con Foster, recordando que W.B. Yeats, tanto aprendiz de mago como archipoeta, siempre fue también el hombre de las máscaras. Opté por conservar un cierto apego musical a la rima (con la ilusión de una semejanza, aunque imperfecta), convencida, eso sí, de que someter al poema a un mayor rigor, un mayor “respeto” a la cuenta silábica o incluso a la acentuación, me habría dejado con las manos vacías, nadando en una frustración muchísimo mayor a la que ya experimento.

 

 

Hernán Bravo Varela

 

Hice, hasta que llegaste, lo que quiso el dragón.

El amor, yo pensaba, era una azarosa

imprevisión o un juego de reglas definidas

que empezaba al dejar que cayese el pañuelo.

Vaya proezas: minutos de los que salían alas,

música celestial ingeniada por ángeles.

Tú, de entre los anillos del dragón, te elevaste.

Yo me burlé, ofuscada, pero habías triunfado.

Rompiste las cadenas que ataban mis tobillos,

cual si fueras san Jorge o un pagano Perseo.

Ahora contemplamos, atónitos, el mar

y nos hace alharaca un ave milagrosa.

 

 

María Baranda

Su triunfo

 

Hice lo que el dragón quería mientras llegabas

porque del amor imaginé una improvisación

casual o un juego bien dispuesto

que empezaba si yo tiraba mi pañuelo.

Buenos actos que dieron alas al minuto

y música celeste si se hacían con agudeza.

De pronto te paraste entre los aros del dragón.

Yo me burlé como una loca, pero tú lo dominaste

rompiste la cadena y mis tobillos liberé,

como san Jorge o un Perseo pagano.

Ahora, atónitos, contemplamos el mar

mientras nos grita una extraña ave milagrosa.

 

 

Juan Carlos Calvillo

Su triunfo

Para Aurelia

 

Hice la voluntad del gran dragón
hasta que tú llegaste: no creía
que el amor fuera más que una invención
espontánea, o la mera cortesía
que siempre sigue al juego de atracción.

Fueron buenas aquellas aventuras
que le dïeron alas al minuto
y música divina con tinturas
del ingenio. Y de pronto, héroe astuto,
ignoraste mis miedos, mis locuras,

y ahí, entre las argollas de la fiera,
rompiste las cadenas del secuestro,
San Jorge o un Perseo de otra era;
y ahora, absortos, miramos un mar nuestro
y un ave milagrosa vocifera.

 

Comentario. ~ “Her triumph” es uno de los grandes poemas de amor de W.B. Yeats. La inversión del mito de Perseo y Andrómeda, o bien del heroísmo de San Jorge —ambos tan recurrentes en la tradición iconográfica—, le brinda al poeta una dimensión alegórica en la cual inscribir su celebración, personal y sentidísima, de lo que Phillip L. Marcus llamó “the transforming power of love”. Mi traducción al español vierte los pentámetros yámbicos de Yeats en estrofas de endecasílabos cruzados con un verso adicional. A la hora de tomar decisiones me inspiré en los pocos manuscritos que preservan, en calidad de borrador, el proceso de composición del poema original: ello explicará por qué, al verme obligado por la prosodia a elegir entre alternativas distintas, me incliné por una y no por otra (“The coils of the great dragon had no end”, por ejemplo). Ante todo, confío en que mi traducción logre procurarle al lector el mismo asombro que suscita la salvación en la voz poética, absorta en la contemplación de un mundo nuevo; pues si el triunfo de ella reside en “la fuerza transformadora del amor”, el triunfo de la traducción tiene que encontrarse en “la fuerza amorosa de la transformación”.

 

 

Alfonso D’Aquino

Su triunfo

 

Hice la voluntad del dragón hasta que tú llegaste

pues había imaginado el amor una fortuita

improvisación o bien un juego convenido

que seguía si dejaba caer el pañuelo:

mejores eran esos hechos que daban alas al minuto

y música celeste si le otorgaban sutileza;

y entonces entre los anillos del dragón te levantaste.

Me mofé, estaba loca, pero tú lo venciste

y rota la cadena libraste mis tobillos,

San Jorge o de otro modo un pagano Perseo;

y con asombro ahora fijamos la vista en el mar

y un raro y milagroso pájaro nos grita.

 

 

Argel Corpus

Su triunfo

 

Debido a que imaginé al amor

como improvisación o como juego arreglado,

que seguiría si dejaba caer el pañuelo,

es que me sometí a la voluntad de la bestia.

Si estas mis hazañas le dieran ingenio entonces

serían las mejores para obsequiarle

las pequeñas alas y la música celestial:

Tú entonces te paraste en medio de los aros

del dragón. Yo me burlé, demente. Tú lo dominaste,

y rompiste las cadenas y liberaste mis tobillos:

San Jorge o quizá un Perseo pagano.

Ahora, atónitos vemos el mar. Ahora, nos

grazna un extraño pájaro milagroso.

 

 

Francisco Segovia

Su triunfo

 

Obedecí al dragón hasta que tú llegaste

porque me figuraba que el amor era un juego

pactado que empezaba en el preciso instante

en que dejara yo caer mi pañuelo.

Tal hazaña le daba ligereza al reloj

y música celeste…  Y ahí tú apareciste,

por entre los anillos del dragón.

Yo, loca, me burlaba. Pero tú lo venciste,

rompiste la cadena, abriste los cerrojos:

un San Jorge, quizás, o un Perseo pagano.

Hoy miramos atónitos el mar y ante nosotros

chilla un extraño y milagroso pájaro.

 

Comentario. ~ Esta versión convierte en alejandrinos los endecasílabos del inglés, excepto en tres ocasiones (una por cuarteto). Las rimas, aunque asonantes, siguen el patrón original. Lo más notable es que falta completo un fragmento del sexto verso que dice: “if they gave it wit”, que no sólo no pude cuadrar en el metro sino que me parecía difícil de interpretar. El pronombre it ¿se refiere a minute, o a music? Aquellas hazañas resultaban inmejorables si le ponían ingenio ¿al minuto, o a la música celestial? Ante la duda, me abstuve. También porque me pareció que ese wit podría ser, simplemente, una solución algo apresurada para rimar con it… En cualquier caso, creo que, si mi lectura del poema no sufre demasiado por esta omisión, tampoco lo hará la del lector. Quizás otras traducciones llenen este hueco, que yo no resiento demasiado, pero que sin duda forma parte de aquello que me ha movido a desear otras traducciones. Algo parecido ocurrirá sin duda con el título. Si la mía fuera la única versión, creo que preferiría explicitar que “Su triunfo” es “El triunfo de ella”, como seguramente harán otros traductores. Me fío de ellos, pues, para suplir la imprecisión genérica del su español. Unas traducciones completarán a las otras y así, entre todas, darán una imagen más cabal del poema.◊

 


* La introducción general puede leerse en: http://otrosdialogos.colmex.mx/trece-traductores-de-un-poema-de-w-b-yeats.