Éxodo (detalle) / Guillermo Meza

La salida de Estados Unidos del Acuerdo de París y sus consecuencias

La salida de Estados Unidos del Acuerdo de París fue un golpe duro para la comunidad internacional que lucha contra el calentamiento global. Pero sus efectos, escribe José Luis Lezama, no son tan negativos como sí lo son otras decisiones de Trump y del resto de los países firmantes del Acuerdo.

 

– JOSÉ LUIS LEZAMA *

 


 

El clima mundial

En lo referente al clima planetario, lo mismo que en otros ámbitos del saber, mientras nuestro conocimiento es limitado, nuestra ignorancia es infinita, como alguna vez señaló Karl Popper. Las certezas de la comunidad científica respecto a la evolución del clima escasean, mientras que las incertidumbres no sólo abundan, sino que cada vez parecen ampliarse más.

El consenso científico alude a un proceso de calentamiento planetario que inicia en el periodo industrial moderno, al cual se ha convenido llamar cambio climático, por su origen hipotéticamente antropogénico. Esto no significa que el clima sólo empezó a “cambiar” en los últimos 300 años; la historia de la Tierra es, desde sus orígenes, una de cambios de tal magnitud que la hizo pasar desde estados de incandescencia a periodos de congelamiento.

Por otra parte, el clima planetario no evoluciona de manera lineal y es más complejo e impredecible de lo que comúnmente se piensa. Una muestra de ello es que no todo ha sido calentamiento en el periodo moderno. En el lapso que va del siglo xvi al xix, los especialistas suelen hablar de una mini Edad de Hielo. Pero incluso el calentamiento no es exclusivo del periodo que inicia con la Revolución industrial: la Edad Media es también considerada como una época relativamente cálida.

Existen estimaciones de la evolución del clima planetario que aluden a un pasado distante. No obstante, las mediciones directas, con métodos y técnicas modernas, apenas pasan los cien años. Con base en éstas, se tiene la certeza de que en la última centuria el clima promedio del planeta ha aumentado en aproximadamente 1 grado Celsius, y que desde fines de los años cincuenta el ritmo del calentamiento se ha acelerado.

Las políticas climáticas

Si de algo podemos hablar con certeza es del fracaso de las políticas emprendidas por la comunidad internacional para abatir las tendencias al calentamiento. Los expertos coinciden en que las medidas adoptadas anteriormente, en particular las contenidas en el Protocolo de Kioto, no cumplieron su objetivo de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero (gei). Algunos sostienen también que las metas consensuadas en el Acuerdo de París de 2015 no lograrán su propósito de evitar que el clima promedio del planeta supere los 2 grados. Hay más bien un cierto consenso en que, cumpliéndose con el Acuerdo de París, el clima aumentaría entre 2.7 y 3 grados Celsius.

Esto nos lleva a contextualizar y a valorar el verdadero significado de los acuerdos internacionales sobre el clima. Bajo el Protocolo de Kioto, la mayor parte de las naciones no sólo no disminuyó, sino que aumentó, sus emisiones.

Las emisiones de gei no se redujeron debido a un mal cálculo en las metas de Kioto, sino por la naturaleza de los acuerdos que, en los hechos, son de carácter voluntario, aun cuando Kioto se presentaba, en el lenguaje de Naciones Unidas, como obligatorio para el mundo desarrollado. Naciones Unidas mide su éxito por el número de países que firman los acuerdos, pero queda fuera de su esfera de acción y de su interés averiguar si éstos se cumplen o no; mucho menos se interesa en saber si los países firmantes están institucionalmente habilitados para cumplir. El problema del enforcement se vuelve así central, y el no cumplimiento y la ausencia de fiscalización y de sanciones se convierte en la principal causa de los fracasos.

La salida de Estados Unidos del Acuerdo de París

En los hechos, el presidente Trump tiene menos capacidad para decidir los destinos del mundo de lo que se supone. Es importante, en este contexto, tener claridad sobre el significado del retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París, firmado en 2015 por 197 países y ratificado ya por la mayoría. Aunque Estados Unidos sea el segundo más importante emisor (17.8%) de gei, por diferentes razones su salida no decidirá el futuro de los acuerdos.

Primero, el Acuerdo de París no es obligatorio, por lo que Estados Unidos de cualquier manera no estaba obligado a cumplirlo. Este país no firmó el Protocolo de Kioto; no obstante, fue prácticamente el único cuyas emisiones disminuyeron en los últimos años. México sí lo firmó, sin que eso haya provocado ningún beneficio al clima mundial ni al medio ambiente nacional. Las ciudades mexicanas están hoy día más contaminadas que las de Estados Unidos.

Segundo, existe una tendencia en el mundo a una mayor inversión en energías limpias, por lo que millones de dólares se han movido del carbón a las energías alternativas. En Estados Unidos, la industria del carbón sólo puede ser reactivada mediante grandes subsidios, porque es obsoleta y no rentable.

Tercero, el procedimiento para que Estados Unidos se retire del Acuerdo de París tardará al menos cuatro años. Para entonces, posiblemente el presidente Trump habrá dejado la presidencia.

Cuarto, algunos estados de la Unión Americana se plantearán metas ambientales acordes con el Acuerdo de París. Así lo han expresado California y Nueva York, que poseen un producto bruto equivalente a la quinta economía del mundo.

Quinto, el resto del mundo es responsable de alrededor de 80% de las emisiones de gei.  El problema es que los 197 países signatarios de los acuerdos no cuentan con obligación para cumplir. La mayor parte de los países no tienen sistemas institucionales con mecanismos efectivos de fiscalización para verificar y, en su caso, sancionar el no cumplimiento del Acuerdo de París, como no lo tuvo el Protocolo de Kioto. Ésta es la verdadera amenaza al clima planetario, más que lo que haga o diga el presidente Trump. 

La verdadera amenaza

Más que retirarse del Acuerdo de París, las medidas internas que ha puesto en operación el presidente para “suavizar” la regulación ambiental y para echar abajo el Plan de Energía Limpia, así como el apoyo brindado u ofrecido a las industrias del petróleo y del carbón, pueden tener un impacto importante en el clima mundial. Se estima que, si Estados Unidos regresara a su esquema energético de hace algunas décadas, la temperatura planetaria podría subir en 0.3 grados Celsius para el año 2100. No obstante, todas sus medidas antiambientales serán llevadas a las Cortes y su apoyo a la industria del carbón no es económicamente viable; la permanencia del presidente Trump será a lo mucho de ocho años y seguramente su política antiambiental será modificada por quien lo suceda.

La verdadera amenaza al clima planetario no consiste tanto en que Estados Unidos esté dentro o fuera del Acuerdo de París (sería mejor que estuviera, pero en Kioto tampoco estuvo), sino la no obligatoriedad del Acuerdo y la ausencia de capacidades institucionales y políticas en el interior de las naciones que sí firmaron en París, y que nadie sabe cómo cumplirán sus promesas. Un efecto real de la salida de Estados Unidos del Acuerdo es que se convertirá en pretexto y justificación para la inacción y la simulación de muchos países. Por una parte, porque ante su ausencia no se sentirán “moralmente obligados” a cumplir. Y por otra, porque cualquier fracaso en el cumplimiento de las metas puede ser artificialmente atribuido a Estados Unidos, excluyendo cada uno sus verdaderas responsabilidades con el clima planetario.◊

 


* JOSÉ LUIS LEZAMA
Es profesor e investigador del Centro de Estudios Demográficos Urbanos y Ambientales de El Colegio de México.